Casos y cosas que en mi modesta opinión podrían contribuir a salir antes de la crisis: -
1.- Dar respuesta definitiva a cómo va a ser España durante el próximo siglo. –
2.- Que quienes gobiernan y representan a las entidades empresariales, incluso financieras, comprendan que tienen que agruparse y luego constituir grupos empresariales de producción diversificada, que integren también entidades financieras. –
3.- Aconsejar que las familias procuren mantener un gasto y consumo adecuados a sus necesidades y posibilidades. –
4.- Reformar el estado de las autonomías, volviendo al sistema de diputaciones provinciales con descentralización de funciones a través de una fluida relación con gobiernos civiles. -
5.- Absorber el excedente urbanístico, a través de ayudas sociales, previo reajuste de precios al valor real de los inmuebles. –
6.- Disminución de impuestos y de cargas sociales a las empresas que absorban parados. –
7.- Hacer fluida la contratación laboral mediante facilitación del despido de una carga laboral que perjudica tanto a la empresa como al trabajador honesto y entregado. –
8.- Crear organismos revisores de la función de las comisiones de riesgos de las entidades financieras, pero cuya revisión, cuando aconseje conceder un crédito denegado, venga avalada por la concesión automática de un aval total o parcial de la operación.
9.- Mantener el empleo público y procurar realizar obras públicas hasta que se adviertan síntomas de consolidación de la tendencia recuperatoria de los flujos económicos. –
10.- Financiar regreso de inmigrantes a sus respectivos países de procedencia o de origen, con mayor urgencia y obligatorio cuando no dispongan de puesto de trabajo.
11.- Exigir de los gobiernos de las provincias o de las autonomías planes a corto, medio y largo plazo, que concreten una estructuración económica sobre bases existentes o previsibles y que como tales se apoyarán y fomentarán desde la administración.
12.- A partir de una determinada cuantía. Incremento impositivo de los salarios y las retribuciones de altos cargos, con expresa prohibición y fuerte sanción del pago por las empresas u organismos de impuestos que sean de cargo legal de empleados o de cargos de gobierno, representación o confianza. -
En realidad, he de confesar, que se trata de mis digresiones. Por eso, advierto que para cualquier curioso lector, podrían ser poco interesantes, intrascendentes, banales y hasta aburridas. Entonces -me pregunto- ¿para qué las escribes? Aún no he hallado respuesta para esta pregunta.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Cunde el desconcierto entre los políticos cuando como acaba de ocurrir, la plebe urbana, es decir, el pueblo soberano, les dice que esto de la política consiste en una especie de orfebrería con aspectos de tejer y destejer, como hizo en su día la prudente mujer de Ulises (también se llamaba Penélope, pero era otra), para dar tiempo a su marido, el sentido común político aplicado al nacimiento de un tiempo nuevo, a regresar y dar buena cuenta de sus pretendientes, los enemigos del viajero sabio.
Los políticos, creo y confío en que humanos al fin y al cabo, padecen, sobre casi todas, una vez satisfecha la ambición de llegar, la tentación del absolutismo como solución única. ¿Qué es mandar –les sugiere esta tentación- si no puedes hacer lo que te salga de las narices?
Cuesta, por lo que parece, entender que no se elige para mandar, sino para coordinar las voluntades dispersas de la multitud de soberanos que somos. Constantemente debe estar el equipo responsable –y mucho más el que a su vez lo coordine como jefe, caudillo o presidente- de lo que el pueblo soberano prefiere, para idear fórmulas y modos de lograrlo.
Es difícil abandonar el complejo de Peter Pan, dejar de ser niño ocioso, en el patio del cole, asociándose en la bandería suficiente para hacer mangas y capirotes sin cuenta ni razón de minoría alguna, ni, por supuesto, de ninguna individualidad.
En la minoría, a veces, está la mayor cantidad de luz, y en la individualidad suele estar escondido, como en la lámpara de Aladino, el genio. Por eso conviene estar tan atento y escuchar todos los ruidos que apenas es posible percibir cuando el griterío más banal se convierte en atronadora algarabía.
Los políticos, creo y confío en que humanos al fin y al cabo, padecen, sobre casi todas, una vez satisfecha la ambición de llegar, la tentación del absolutismo como solución única. ¿Qué es mandar –les sugiere esta tentación- si no puedes hacer lo que te salga de las narices?
Cuesta, por lo que parece, entender que no se elige para mandar, sino para coordinar las voluntades dispersas de la multitud de soberanos que somos. Constantemente debe estar el equipo responsable –y mucho más el que a su vez lo coordine como jefe, caudillo o presidente- de lo que el pueblo soberano prefiere, para idear fórmulas y modos de lograrlo.
Es difícil abandonar el complejo de Peter Pan, dejar de ser niño ocioso, en el patio del cole, asociándose en la bandería suficiente para hacer mangas y capirotes sin cuenta ni razón de minoría alguna, ni, por supuesto, de ninguna individualidad.
En la minoría, a veces, está la mayor cantidad de luz, y en la individualidad suele estar escondido, como en la lámpara de Aladino, el genio. Por eso conviene estar tan atento y escuchar todos los ruidos que apenas es posible percibir cuando el griterío más banal se convierte en atronadora algarabía.
martes, 3 de marzo de 2009
Hagamos un disfraz
a la noche
para que parezca día. Hagamos
una desgarradura
para que llegue antes el primer rayo de sol
y nos libere
de esta miedo nocturno
de ser nosotros mismos
durante tanto tiempo como dura
lo más oscuro. Este
no saber casi nada, ir a tientas
¡tan ciegos como hay que creer lo que nos dice
el corazón!, al fin y al cabo
sólo un provisional,
débil
latido
que la sombra interminable de la duda
convierte en bisbiseo
de la imaginación,
repique mínimo
del deseo
de llegar, pero ¿a dónde?,
si no sabemos nada,
si en el miedo, o tal vez en la noche
está todo disuelto,
menos esta conciencia aterradora
de estar vivo.
a la noche
para que parezca día. Hagamos
una desgarradura
para que llegue antes el primer rayo de sol
y nos libere
de esta miedo nocturno
de ser nosotros mismos
durante tanto tiempo como dura
lo más oscuro. Este
no saber casi nada, ir a tientas
¡tan ciegos como hay que creer lo que nos dice
el corazón!, al fin y al cabo
sólo un provisional,
débil
latido
que la sombra interminable de la duda
convierte en bisbiseo
de la imaginación,
repique mínimo
del deseo
de llegar, pero ¿a dónde?,
si no sabemos nada,
si en el miedo, o tal vez en la noche
está todo disuelto,
menos esta conciencia aterradora
de estar vivo.
-Oye, tú, Pedrito …
-Me llamo Píter, ¿sabes?
Píter Pan.
-Para mí, Pedrito.
-Como quieras; ¿qué?
-Cuéntame tu secreto,
en qué consiste
eso de no crecer, ser siempre niño
feliz.
-No soy feliz. No hay nadie que lo sea.
-Pero eres niño,
no creces,
has formado tu banda, incluso un hada
está
enamorada de ti. Y para entretenerte
están tus enemigos:
los indios,
los piratas,
y hasta supongo que el horrible cocodrilo que persigue
al capitán.
-Estoy vivo,
estar vivo es un problema siempre,
tienes
que derrochar la energía,
aprender
hacer,
aunque sea volando, aunque seas niño,
cada camino,
y tú, a quien yo envidio,
tendrás un remanso de vejez
y la vía de escape de la muerte
y al final
el misterio inimaginable,
sin duda hermoso,
placentero,
lleno de luz,
del otro lado del espejo
donde espera el buen padre Dios.
Nosotros,
los eternos personajes de los más bellos cuentos,
no tenemos la puerta de la muerte
para ir
en su busca.
-Me llamo Píter, ¿sabes?
Píter Pan.
-Para mí, Pedrito.
-Como quieras; ¿qué?
-Cuéntame tu secreto,
en qué consiste
eso de no crecer, ser siempre niño
feliz.
-No soy feliz. No hay nadie que lo sea.
-Pero eres niño,
no creces,
has formado tu banda, incluso un hada
está
enamorada de ti. Y para entretenerte
están tus enemigos:
los indios,
los piratas,
y hasta supongo que el horrible cocodrilo que persigue
al capitán.
-Estoy vivo,
estar vivo es un problema siempre,
tienes
que derrochar la energía,
aprender
hacer,
aunque sea volando, aunque seas niño,
cada camino,
y tú, a quien yo envidio,
tendrás un remanso de vejez
y la vía de escape de la muerte
y al final
el misterio inimaginable,
sin duda hermoso,
placentero,
lleno de luz,
del otro lado del espejo
donde espera el buen padre Dios.
Nosotros,
los eternos personajes de los más bellos cuentos,
no tenemos la puerta de la muerte
para ir
en su busca.
La vida, esa inexorable escuela en que se domestica el ímpetu de cualquiera de las criaturas que nacen puro grito, frenesí de energía y para cuando considera el grupo que has llegado a integrarte, ya no eres aquel aventurero imaginado a lo largo de una niñez cada vez más corta y por ello menos feliz, lo que resulta es que te han domado, adiestrado, reconvertido en individuo útil. Ahora, en cuanto dominan los grifos de sus excedentes biológicos, en cuanto, por decirlo de una vez, cagan y mean ordenadamente, se traslada a los niños a un redil en que se les adiestra para un paradójico y casi siempre convulso contraste de competitividad y conformismo con lo rutinario, cuyas últimas consecuencias se alcanzan, también es paradoja, como casi todo en la vida, cada vez más tarde, entre los treinta y los cuarenta años.
Alrededor de esa edad, se ha recompuesto el esquema mental, incrustado la plantilla del comportamiento habitual de cada cultura y cabe esperar que hagamos cada día lo que solemos, con arreglo a los modos y maneras del subgrupo en que por otra parte se nos encasilla. Si luego mudas los criterios, te motejarán de incoherente, como si eso fuera criticable en una especie, la humana, que se pasa la vida buscando verdades, adquiriendo conocimientos, profundizando en los que ya tenía, averiguando lo falible del entendimiento y lo provisional de cada supuesta verdad de cada época y cada lugar, consecuencia previsible de lo cual es que cada humano puede cambiar de convicción y llegar a considerarse integrado en ideas contradictorias a las que otro día mantuvo.
Cuentan de algún filósofo que en sucesivas etapas de su vida recompuso su pensamiento filosófico hasta tal punto que para entenderlo es imprescindible poner primero sus trabajos por orden cronológico y considerarlos con el sentido crítico que debe ejercitar el estudioso, huyendo de la fácil convicción de que la letra impresa supone veracidad o tiene mayor credibilidad por estarlo.
Alrededor de esa edad, se ha recompuesto el esquema mental, incrustado la plantilla del comportamiento habitual de cada cultura y cabe esperar que hagamos cada día lo que solemos, con arreglo a los modos y maneras del subgrupo en que por otra parte se nos encasilla. Si luego mudas los criterios, te motejarán de incoherente, como si eso fuera criticable en una especie, la humana, que se pasa la vida buscando verdades, adquiriendo conocimientos, profundizando en los que ya tenía, averiguando lo falible del entendimiento y lo provisional de cada supuesta verdad de cada época y cada lugar, consecuencia previsible de lo cual es que cada humano puede cambiar de convicción y llegar a considerarse integrado en ideas contradictorias a las que otro día mantuvo.
Cuentan de algún filósofo que en sucesivas etapas de su vida recompuso su pensamiento filosófico hasta tal punto que para entenderlo es imprescindible poner primero sus trabajos por orden cronológico y considerarlos con el sentido crítico que debe ejercitar el estudioso, huyendo de la fácil convicción de que la letra impresa supone veracidad o tiene mayor credibilidad por estarlo.
lunes, 2 de marzo de 2009
La lluvia ha vuelto, ayer, sin ir más lejos, la tarde se vistió de gris tristeza y encendimos la luz. Esta luz caliente, amarillenta, de dentro de casa, tiene algo de ternura contenida, que impregna lo que se dice e invita a hablar de pasados inciertos, del color de los daguerrotipos de los álbumes que me habría gustado tener de la historia lejana, banal desde luego, de la familia. Porque es conmovedor mirar que sonreía la abuela de nuestra madre o que miraba así de escrutador el padre de nuestro abuelo. O vernos cuando éramos varios hermanos y recordar las manías de cada cual. Hay fotografías de cuando el mundo era mucho más grande, puesto que costaba ímprobos trabajos y esfuerzo ir al otro lado de la mar. Son gentes que no saben ni imaginar lo que puede hacerse con un microteléfono portátil de esos que usan ahora los novios para reñir y los padres para tratar de vigilar a sus hijos. ¿Te das cuenta ahora de que tu madre tenía la cabeza llena de ti cuando tú la tenías llena de sueños?. Viviendo, aunque sea sin estudiar nada, se aprende a comprender a los que fueron lo que vamos siendo al hilo de la paradoja del tiempo. Y esta mañana seguía lloviendo. El perro, casi tan viejo y tan gruñón como su amo, se ha asomado a la puerta, y, rezongando, me avisa de que ahí fuera está la intemperie y que ya saldremos otro día, o tal vea a otra hora. Los periódicos llegan a casa mojados e hirvientes de interpretaciones de las elecciones de ayer, que afectaban a gallegos y vascos, e, indirectamente, al resto. Es curioso cómo cada cual saca punta de interpretación a lo que cada elector resolvió doblando un papel pequeñito y empujándolo en la pecera que se va llenando de teselas de voluntad, todas de la misma forma, pero diferente color, de tal modo que quien resulta mayoritario, luego, las coloca con arreglo a su criterio. Hace muchos años, no recuerdo con qué motivo, cierto político sudamericano nos dio, a un grupo de entonces jóvenes, una especie de conferencia sobre lo que era la democracia: se trata –nos dijo- de prometer al pueblo lo que quiere, para que te vote, y de hacer tú después lo que tú quieras, que para eso te votaron.
domingo, 1 de marzo de 2009
Me quito, como una capa, la sensación de vacío con que apenas he despertado hoy del todo y me pregunto qué música puede hoy abrir las ventanas al aire que pasa y darme o la capacidad de ver o de escuchar con esa atención especial que incorpora a la vida. No se vive, a veces, se desperdicia un tiempo irrecuperable durante que ocurren las cosas que por coincidir con nuestra oportunidad, nos conciernen muy de cerca y nos perdemos, porque nadie vuelve atrás, como si no hubieran pasado.
He encendido un saxofón errático que enrosca su melodía en mi ausencia, y después, sin solución de continuidad, en una de esas locas bandas que interpretan música de Nueva Orleans, que tiene siempre en su fondo algo de día radiante y nos descubre, me descubre el secreto de que por debajo de la niebla y por encima de las nubes siguen respectivamente existiendo las cosas de este mundo y las del universo en que está inserto.
Es domingo, todavía invierno, hay autonomías en elecciones, se inicia la Cuaresma. Tiene su acento, ahora, más en la resurrección y el amor, que en el terror del día de la ira. Creo que es un modo mejor de mirar, una mejor manera de entender.
Casi nada es y nunca es definitivamente lo que parece o lo que dicen. La vida se caracteriza por un modo banal de vivir, rutinario, pero lleno de vida y acontecimientos que nos atañen. La vida es una extraordinaria riqueza que alguien nos ha proporcionado y nadie sabe explicar cómo ha de proyectarse hacia un indefinible, inimaginable futuro deslimitado.
Es un privilegio más, el de escuchar esta música que se va deslizando por el paisaje con la naturalidad de un río viejo, sin prisas, remansándose si acaso en cada umbría. con el regocijo posado en su piel, tatuado en ella, del reflejo de las hojas que se miran en el agua y allí escriben el duplicado de su sueño de convertirse, como ocurre en otoño, en alas para los elfos y para los ángeles.
He encendido un saxofón errático que enrosca su melodía en mi ausencia, y después, sin solución de continuidad, en una de esas locas bandas que interpretan música de Nueva Orleans, que tiene siempre en su fondo algo de día radiante y nos descubre, me descubre el secreto de que por debajo de la niebla y por encima de las nubes siguen respectivamente existiendo las cosas de este mundo y las del universo en que está inserto.
Es domingo, todavía invierno, hay autonomías en elecciones, se inicia la Cuaresma. Tiene su acento, ahora, más en la resurrección y el amor, que en el terror del día de la ira. Creo que es un modo mejor de mirar, una mejor manera de entender.
Casi nada es y nunca es definitivamente lo que parece o lo que dicen. La vida se caracteriza por un modo banal de vivir, rutinario, pero lleno de vida y acontecimientos que nos atañen. La vida es una extraordinaria riqueza que alguien nos ha proporcionado y nadie sabe explicar cómo ha de proyectarse hacia un indefinible, inimaginable futuro deslimitado.
Es un privilegio más, el de escuchar esta música que se va deslizando por el paisaje con la naturalidad de un río viejo, sin prisas, remansándose si acaso en cada umbría. con el regocijo posado en su piel, tatuado en ella, del reflejo de las hojas que se miran en el agua y allí escriben el duplicado de su sueño de convertirse, como ocurre en otoño, en alas para los elfos y para los ángeles.
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