domingo, 5 de febrero de 2012

Ya habréis comprobado que está mal la operación de la entrega anterior y que a lo que tocaríamos sería a un millón escaso de las antiguas pesetas.
No puede, el banquero, que también es humano, mirar sin codicia la pasta gansa que se le confía, y esa codicia le inspira sin cesar ideas respecto del modo y la manera de raspar un pelisquín más de lo estrictamente convenido, que al fin y al cabo, según su peculiar modo de pensar, que le ha convertido en banquero, al fin y al cabo humano, el dinero es como los peces, que están puestos en la mar, y mejor si en la pecera, para que los pesquen, y el dinero para echarle mano y correr, desde que el mundo es mundo, y mejor si el ingenuo viajero te lo confía para librarlo de Dick Turpín y de Robín Hood, que a medida que pasan los tiempos y mudan las costumbres, se suelen disfrazar, acordes con tales mutaciones, de lo que conviene para entrar a saco en el cardumen de los ricos.

Por eso es tan malo ser rico, formar parte de la bandada de candorosas palomas de los ricos, vigiladas por la penetrante mirada del azor, cada mañana, que, oiga usted, señora, los azores tenemos que vivir también, como ocurre con los delfines, que rodean y agobian a los cardúmenes de sardinas y los compactan para bien del pescador.

Todos, en este mundo, somos piezas acechadas por algún predador, que, cuando no lo hay más grande, mejor armado o más fuerte, se hace más sagaz y disfraza de vecino, supuesto prójimo, presunto amigo, empeñado en despojarnos de la responsabilidad de tener más de lo que en su opinión nos incumbe y podríamos maladministrar. No es fácil, administrar las demasías. Tientan de que se las entierre, como hizo el más cuidadoso avaro insolidario de la parábola, cuando enterró su denario, o de que las pongas en las cavernas insulares o en las sibilas continentales de los paraísos fiscales.

Pasta escondida, salvaguardada, dispuesta para cuando las vacas flacas … No hay, sin embargo, ya, paraíso seguro. Los tiburones de la economía, a falta de caladeros, cada vez más castigados por ingenios más eficaces, están alzando el morro, olisqueando, torciendo el rumbo, que no me deis dinero, ponedme donde lo haya, hacia el gran sol de los depósitos más o menos discretos, probablemente clandestinos. ¿Cuánto dinero hay en el mundo? Dicen, yo no garantizo número, que unos cuarenta millones de millones de euros. Tocaríamos, cada ciudadano del mundo, a cerca de un millón de euros. ¿Dónde andará el tuyo? ¿Y el mío?

sábado, 4 de febrero de 2012

El hombre, dice mi contertulio más rotundo, ha nacido para mandar. Discrepo: ha nacido, le digo, para morir. Y un tercero en concordia, interviene y opina que mandar, lo que se dice mandar, ya no mandamos nada ninguno más que esos que, de un modo o de otro, se hacen con el timón y disponen de vidas y haciendas.

Nos gritan que la soberanía es del pueblo, que el pueblo es soberano, que mandamos … en conjunto. Con lo cual, ninguno mandamos nada porque la posibilidad de mandar se diluye de tal modo que al fin y al cabo se apoderan de ella unos pocos.

Sagaz, ha llamado a este instinto tan humano Frisch, miedo a la libertad. Nos arropamos con la dependencia que nos permite descargar responsabilidades en quienes para ello no dudamos en renunciar el ejercicio de nuestra libertad, esa pizca indivisible de soberanía que, un grano no hace granero, se añade al silo de los audaces.

Me pregunto lo que ocurrirá cuando las personas redescubran el concepto grecolatino de su ciudadanía, el orgullo de ser republicano griego o ciudadano romano, perdido tal vez con el tumulto de los bárbaros.

Una ingente multitud de vividores se apunta, desde que el mundo es mundo, quizá, a aprovecharse de los instintos básicos y los miedos ancestrales de sus semejantes. Tu, nos dicen, trabajarás y nosotros a cambio, te procuraremos aliviar de miedos, angustias y responsabilidades. Incluso te garantizaremos un futuro mejor, claro que sin poder asegurarte para cuándo. Ya sabes que el futuro se hace con recuerdos y esperanzas. Tiene mucho de aleatorio. Hay que descontar, además, nuestro elevado porcentaje.

Porque, claro. No asumen gratis la carga de nuestra hermosa, privilegiada, pero pesada y aterradora libertad.

Es lo malo del invierno. Da tiempo, cuando te refugias, pero abres la ventana del mundo que ahora hay en todos los estarcomedores del mundo mundial, te pones a pensar, cavilas hondo, sueñas. Me preocupa que la mimosa haya quedado como a medias de abrir, con la congoja de este frío súbito, que, a través de la supradicha ventanita, viene, como vinieron los ejércitos de los bárbaros, de las llanuras que recorría Gengis Khan, por donde pasó Miguel Strogoff.

viernes, 3 de febrero de 2012

Hace un frío, si no confortable, sí reconfortante. Hacía mucho que no lo sentía con esta sequedad mesetaria. Me recuerda aquel Madrid de cuando estudiante, que me equivoqué, como otras veces, y me fui a vivir a una casa sin calefacción. En Madrid, cuando corre el viento del Guadarrama, se endurecen el ánimo y las orejas y el alma se te hiela, acurrucada, detrás justo del ombligo. Como estos días ahí fuera, en la calle. Echarlo de casa se paga a casi un euro el litro de gasóleo. Más del doble de lo que costaba cuando en los años ochenta nos dijeron que sería la calefacción del porvenir. No hay calefacciones baratas, ya, desde que el carbón dejó de ser útil y aconsejable.

Asturias, carbón, acero, agricultura y ganadería envidiables y una costa rica en pescados, moluscos y mariscos. En las pequeñas fábricas del litoral, se preparaban conservas artesanas de la mejor calidad, que permitieron crear una industria metalgráfica próspera para proveerlas de envases adecuados, vistosos, sugerentes.

Todo se fue a la mierda con los mercados, las fabricaciones y ventas masivas, la manipulación de carnes y el envase de lácteos, la entrada en el mercado común y el advenimiento del euro. Ni carbón ni acero ni agricultura ni ganadería ni pesca. Un mustio silencio que vienen periódicamente a visitar los guiris nacionales y extranjeros y no se cansan de retratar con esos artilugios nuevos, preparados y puestos “en automático”, que no hay más que darle al botón y “¡mira María, qué bien saliste, parece que estás hablando!”.

No hay bajo sin chiringuito, tasca, taberna, chiscón, restaurante, comedero, vinos y tapas, sidrería, cafetería, confitería, posada, hotel, mesón, venta, “prohibido compartir los platos del menú”, “prohibido traer la bebida”, “prohibido fumar”, “el WC sólo para empleados y clientes”, “no despachamos vasos de agua del grifo”, “no se fía”, “menú del día, un primero y un segundo a elegir, pieza de fruta, pan y vaso de vino”, “la mejor fabada del mundo”, “la mejor fabada del Principado”, “la mejor fabada de la Villa”, “la mejor fabada de esta calle”.

Y, en cada esquina, una sucursal bancaria, un cajero, un vacío silencioso, una soledad, salvo cuando es agosto, o es Navidad, o en Semana Santa, y los fines de semana, que vienen más guiris y autobuses pletóricos de jubilados que arrastran, cansinos, los pies, que vienen bien ximielgaos, roncos de haber gritado que nos hay quien pueda con la gente marinera, Asturias patria querida y lo de ir a buscar elefantes para probar la resistencia de la telaraña. Los guiris en seguida, se asombran de que no seamos pintorescos, vistamos parecido a ellos y no traigamos plumaches de adorno. Oiga, me pregunta una, ¿dónde hay vaqueiros?. Por ahí –le digo señalando vagamente-, bajaron y se mezclaron. Ahora podríamos ser usted y yo. Pero yo leí –insiste-. El papel puede con todo –le aseguro-, pero mire, usted siga por esa carretera, vaya unos quince o veinte kilómetros arriba y allí se encontrará, por lo menos, su paisaje y su silencio.

-¿Y qué más? ¿Qué hay que ver?
- Nada más. Ellos bajaron y allí quedaron las piedras, los prados, el silencio y el recuerdo. Si es capaz de escuchar atenta, descubrirá el silencio que tuvieron alrededor.
Me pregunto si ser druida vendría a parecerse a ser el cura de la parroquia, el sacerdote de la tribu, el contrapeso del cacique, el inca, el sakem de los arrapahoes.

¿Tendría, un druida, además de su hoz de oro de cosechar el muérdago, otros poderes?

¿Será cierto que la reina de las hadas y Harry Potter tuvieron sendas varitas mágicas?

Lo malo de una varita es que hay siempre otra varita y acabarán por enfrentarse. No somos más que nadie, pero muchos nos mandan, se arrogan e irrogan nuestra representación, nos dicen incluso lo que estábamos pensando.

Cuando nos descubren lo que pensábamos, nuestro asombro puede ser inconmensurable, pero ¿quiénes somos nosotros para atrevernos a pensar que estábamos pensando algo distinto de lo que nos dicen los que mandan y nos representan que estábamos pensando?

Tendría sus ventajas y sus desventajas, ser druida, como todo. Imagínate que tú le hubieras asegurado una buena cosecha al mandamás del lugar y que, llegado la época, no la hubiese. En aquella época de los druidas, tengo entendido que no se andaban con chiquitas y que por menos de lo dicho, eran capaces, aquellos bárbaros, de cortarte la cabeza.

Ahora somos más sutiles. Mejor y más práctico que cortarle la cabeza a una persona es dejársela puesta y ponerla con ella en la picota, desvencijada, desprestigiada. Cuando mandan los tirios se hace con los troyanos y viceversa. Cuando mandan los dolicocéfalos, se hace con los braquicéfalos y también viceversa. Es lo que se llama luego el péndulo de la historia, que va y viene, como el de Foucault, derribando, ora los bolos de la derecha, ora los de la izquierda.

Idea para una tesis doctoral: ¿Hay más dolicocéfalos a la derecha o a la izquierda?

¿Y braquicéfalos?

¿Hay más fumadores entre los braquicéfalos o entre los dolicocéfalos?

¿Y fumadores arrepentidos?

¿Y calvos?

Me pregunto si no cabría crear asociaciones de morenos y de rubios. ¿Dónde pondríamos a los del pelo pajizo e hirsuto, casi siempre expertos fumadores de pipa? ¿Y a los pelirrojos?

El privilegio de vivir confiere el de la imprevisibilidad de que deriva la categoría estética de la sorpresa. El agua viva es metáfora de la vida. Improvisa la vida caminos, cascadas, huidizos acuíferos secretos. No puede imaginarse recipiente capaz de asegurar que la vida no se saldrá de él, incluso, a última hora, de recurrir a la magia, como el agua, que, mágicamente, se evapora para escaparse de la mar oceana e ir a recorrer mundo disfrazada de nube.
Todo se acaba, a la vez que algo empieza, y es posible que nuestro Barcelona se esté apagando, si no como persona jurídica, “más que un club”, en cuanto a ese brillo que, casi taumatúrgico, le había venido adornando de la mano de unos cuantos pacientes genios, futbolistas coincidentes en haber mutado la corpulencia por la astucia y la habilidad por la fuerza. Estoy convencido de que como consecuencia adicional de su existencia y presencia conjunta en el tiempo y el espacio, logró España ganar, ¡por fin!, un campeonato del mundo que anhelaba desde hace casi un siglo.

Es posible que, para nuestra tristeza de aficionados al fútbol y partidarios suyos, este equipo esté empezando a regresar al pelotón, cosa que llenará de júbilo a su Moriarty, el equipo de la Capital.

Queda, para nuestro consuelo, el regusto nostálgico de rememorar un tiempo durante que se ganó todo y este equipo era la envidiosa admiración del mundo.

Sin duda cuando pase un tiempo indeterminado, regresarán otros a ciclo que podrá parecerse a éste, pero con gran dificultad podrían mejorarlo. Pienso que es imposible hacer algo mejor que ganar durante un año de ejecutoria ejemplar todos los torneos existentes y jugados.

En fútbol, todo es inexplicable apasionamiento por una camiseta y un escudo, quienesquiera que los defiendan, y, como consecuencia, todo es entusiasmo subjetivo, que no puede debatirse con los partidarios de otro o de otros equipos. Cada cual, exagerará sus razones y despreciará paladinamente las de los otros. Por eso, al final, lo que queda y se decanta es la satisfacción o la decepción de cada ejercicio o de la trayectoria del equipo que preferimos. Nadie gana definitiva ni permanentemente, de lo que se sigue que en realidad, lo que hacen todos y a donde nos llevan a sus respectivos seguidores, es a competir con un entusiasmo, que sin duda a veces se disparata y motiva pagos y cobros que están, sin la menor duda, fuera de razón.

Alguien, algún día, tendrá que poner límites a esta desmedida locura, desembocada en un océano de prodigalidad incompatible con el sentido menos común de los mortales.

Si bien se mira, no tendría sentido que la persona más adinerada del mundo, rebuscase por todos los rincones del planeta a los mejores jugadores de cada demarcación de un equipo, los “comprara” y constituyera en mejor equipo teóricamente posible. No tendría sentido, hasta que vengan los alienígenas y nos desafíen, a los terrícolas, a jugar un torneo interplanetario.

Considero improbable que el dinero pueda comprarlo todo.

¡Qué pena, si estoy equivocado! Por fortuna, cuando Creso haya acabado de formar su equipo y logrado el más hábil y astuto entrenador del mundo mundial, en un rincón de una playa desconocida, de un país ignoto, un niño genial ha logrado el mejor remate, el chut más impresionante.

Cuando se habla de la vida y de la gente, todo es posible, todo cambiante, todo gloriosamente inesperado.

jueves, 2 de febrero de 2012

“Hoy, el día de la marmota, se ha celebrado la ceremonia de predicción del tiempo más conocida de Estados Unidos en el pequeño pueblo de Punxsutawney, en Pennsylvania. La famosa marmota de Punxsutawney, Phil, ha salido de su guarida y vio su sombra, lo que se traduce como seis semanas más de invierno.
Cuenta la leyenda que el 2 de febrero las marmotas se despiertan brevemente de su hibernación, y si al salir al aire libre se puede ver su sombra sobre el terreno, el invierno durará al menos seis semanas.
El ritual anual se lleva a cabo en la Gobbler's Knob, una pequeña colina en la población de Punxsutawney (Pensilvania), un municipio de unos 6.100 habitantes a unos 100 kilómetros al noroeste de Pittsburgh.
Durante todo el día habrá celebraciones en este pueblo para conmemorar esta tradición que se remonta a 1887 y tiene sus raíces en el festival céltico de Imbolc, que celebraba la fertilidad, y que se convirtió, con la llegada del Cristianismo a las islas británicas en la celebración de Santa Brígida.
En Estados Unidos, Phil es una celebridad y tiene su propio club de seguidores, el Punxsutawney Groundhog Club, cuyos miembros son los encargados de llevar a cabo la ceremonia para la que se visten con chisteras y esmoquin.
Una ceremonia que hizo popular la comedia 'Groundhog Day' (1993) ('Atrapado en el tiempo') protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell.”

Noticia que copio a la letra de la edición digital de EL MUNDO y confirma, a la vista del retraso y de la lenta floración de la mimosa de la ladera del monte de La Fuñal, la predicción de que el invierno va a ser más largo y el verano más mustio de lo habitual. Que así no sea. Ya teníamos bastante con la política de los mediocres y la economía de los tristes, para que encima se nos añada la umbrosa meteorología desolada y desoladora.