A las cinco en la esquina,
en la esquina había un bar, hoy sucursal de banco.
Ya no es posible citarse en aquella esquina, supongo
que no se ocurrirá a nadie
citarse en la sucursal no se cuántos de tal entidad bancaria,
como si estuviese domiciliando una letra de cambio.
Sin embargo, estuve allí,
por si después de tantos años
hubieras decidido, como yo, volver,
pasó una viejecita encorvada, y yo,
me quedé pensando si debería haberte parado, preguntarte
si eras tú. Tuve miedo asustarte,
asustarla
en estos tiempos de tirones y atracos.
¡Tenía tantas cosas preparadas
para decirte!
En realidad, he de confesar, que se trata de mis digresiones. Por eso, advierto que para cualquier curioso lector, podrían ser poco interesantes, intrascendentes, banales y hasta aburridas. Entonces -me pregunto- ¿para qué las escribes? Aún no he hallado respuesta para esta pregunta.
viernes, 29 de febrero de 2008
Cada día, hasta dentro de unos pocos, seguirá girando el tiovivo, luz y sombra, colores y espejos, gente y nada, caballitos de cartón y dinosaurios de cartón piedra, para los niños más pequeños y más entusiastas. ¿Qué pasa? Nada. Lo de siempre. Va a haber elecciones y no saben qué hacer para que el ciudadano indeciso escriba, marque, señale, elija y que lo haga para el más listo, el mejor, el más capaz, que es el que alarga la mano y con su mejor sonrisa pide el voto, por favor, que ya la daré yo a usted un buen servicio. No vote usted a esos otros impresentables que tanto dicen que dicen y luego como si no hubieran dicho. Un campeonato de sonrisas, pero no hay que elegir a quien mejor sonría, sino a quien mejor sirva, gobernando, que no se olvide usted, señor candidato, que gobernar es servir y además le ruego, le pido, le exijo que la administración, la poderosa, innumera legión administrativa a sus órdenes valga para servir, quiera hacerlo, lo haga, nos facilite a los de a pie este tránsito, este vivir sin vivir, esta prueba de obstáculos de convivir este trance, y pare usted la mano del funcionario con vocación ejecutiva y deje suelto al que avisa antes de pegar, ayuda a cumplir, informa más que sanciona, teme más equivocarse al sancionar que al absolver, que ya se sabe que el que a hierro mata …
Compiten en público –con la lección preparada, la ficción, la mejor mueca, el gesto más atractivo, de este perfil, que el otro es más duro, quitándose la corbata, que parece dar más confianza al oyente, como si le hablases a la pata la llana, de igual a igual –por ahora, hasta que asciendas, con el combustible de los votos, a ilustrísimo, y no hace falta que me de el tratamiento, me basta con la potestad que me confiere, ya la daré yo a usted servicio, je, je-, pero me atrevo a insinuar que yo no quiero elegir en este caso un actor, sino un gobernante capaz, aunque sea feo, desagradable, sin maneras.
Me voy con mi libro a mi rincón, a discutir con el autor, buscarle las cosquillas. El autor está indefenso, cuando le digo que yo habría terminado el capítulo, la frase o la novela así o asao. No puede defenderse y confieso que me aprovecho. Le digo. Lo critico. Al final nos iríamos a tomar una copa juntos. Con dos piedras de hielo, por favor, sin soda. Espera que se enfríe un poco y bebe despacio, deleitosamente. Solo una copa, debe durarnos un sueño. Un sueño digno de tal nombre, debe durar más de una hora. Tanto que a veces se diluya en una cabezada y nos podamos quedar dormidos, cada uno en su fantasía o en su subconsciente, ambos antesalas, antuzanos de la muerte, espacios de inesperadamente luminoso paisaje en su zaguán. -
Compiten en público –con la lección preparada, la ficción, la mejor mueca, el gesto más atractivo, de este perfil, que el otro es más duro, quitándose la corbata, que parece dar más confianza al oyente, como si le hablases a la pata la llana, de igual a igual –por ahora, hasta que asciendas, con el combustible de los votos, a ilustrísimo, y no hace falta que me de el tratamiento, me basta con la potestad que me confiere, ya la daré yo a usted servicio, je, je-, pero me atrevo a insinuar que yo no quiero elegir en este caso un actor, sino un gobernante capaz, aunque sea feo, desagradable, sin maneras.
Me voy con mi libro a mi rincón, a discutir con el autor, buscarle las cosquillas. El autor está indefenso, cuando le digo que yo habría terminado el capítulo, la frase o la novela así o asao. No puede defenderse y confieso que me aprovecho. Le digo. Lo critico. Al final nos iríamos a tomar una copa juntos. Con dos piedras de hielo, por favor, sin soda. Espera que se enfríe un poco y bebe despacio, deleitosamente. Solo una copa, debe durarnos un sueño. Un sueño digno de tal nombre, debe durar más de una hora. Tanto que a veces se diluya en una cabezada y nos podamos quedar dormidos, cada uno en su fantasía o en su subconsciente, ambos antesalas, antuzanos de la muerte, espacios de inesperadamente luminoso paisaje en su zaguán. -
jueves, 28 de febrero de 2008
-¿Qué has estado haciendo desde el martes?
-Me fui a la capital, hacía calor de primavera y por primera vez en muchos años, en un viñedo, vi trabajando a una pequeña multitud de unas diez a quince personas. También, con cierta aprensión, que le están poniendo al puente, uno de los más altos y largos, unos tirantes sobre que sacarán unas aletas para ensancharlo. Y vi cigüeñas. Unas volaban, otras, desde lo lato de las torres de las conducciones de alta tensión, señalaban, sin darle importancia, no sé qué punto cardinal, con la longitud afilada de su pico.
Trabajo, papeles, ese sueño desapacible de cualquier noche de hotel, durante que sabes, pero se te olvida, que no estás en tu cama, y duermes, pero consciente de que no es un sueño dormido en territorio habitual, con los rutinarios sonidos de otras noches en torno.
Más trabajo, más papeles, y de nuevo camino de casa, ahora con la insólita concurrencia de una lluvia paciente a veces, otras apresurada, como con prisa por acabar de llover e irse. Lluvia y noche se conjugan como si la parte más alta de la oscuridad se estuviera licuando y nadie puede asegurar que no sea así y mañana los ríos bajarán oscuros, como los ríos de las viejas cuencas carboneras, con las entrañas vacías de truchas, de algún modo amenazadores como lo es siempre lo que tira a negro, como aire de noche, que hasta puede dar miedo respirarlo.
Y hoy, que ya es jueves, con los papeles a cuestas y el trabajo hecho, a la otra ciudad más pequeña, a consolarnos entre libros amigos y la confortable sensación que produce que incluso los que discuten contigo, en este caso conmigo, son casi todos conocidos, y no como ayer, cuando iba por la calle y todas las caras pasaban y pasaban, cada una con su expresión y su palabra, acaso, recién dicha, o pendiente, o ya quemándole en la boca, y pude volver a experimentar esa sensación de la paradójica soledad de en medio de una multitud de desconocidos.
-Me fui a la capital, hacía calor de primavera y por primera vez en muchos años, en un viñedo, vi trabajando a una pequeña multitud de unas diez a quince personas. También, con cierta aprensión, que le están poniendo al puente, uno de los más altos y largos, unos tirantes sobre que sacarán unas aletas para ensancharlo. Y vi cigüeñas. Unas volaban, otras, desde lo lato de las torres de las conducciones de alta tensión, señalaban, sin darle importancia, no sé qué punto cardinal, con la longitud afilada de su pico.
Trabajo, papeles, ese sueño desapacible de cualquier noche de hotel, durante que sabes, pero se te olvida, que no estás en tu cama, y duermes, pero consciente de que no es un sueño dormido en territorio habitual, con los rutinarios sonidos de otras noches en torno.
Más trabajo, más papeles, y de nuevo camino de casa, ahora con la insólita concurrencia de una lluvia paciente a veces, otras apresurada, como con prisa por acabar de llover e irse. Lluvia y noche se conjugan como si la parte más alta de la oscuridad se estuviera licuando y nadie puede asegurar que no sea así y mañana los ríos bajarán oscuros, como los ríos de las viejas cuencas carboneras, con las entrañas vacías de truchas, de algún modo amenazadores como lo es siempre lo que tira a negro, como aire de noche, que hasta puede dar miedo respirarlo.
Y hoy, que ya es jueves, con los papeles a cuestas y el trabajo hecho, a la otra ciudad más pequeña, a consolarnos entre libros amigos y la confortable sensación que produce que incluso los que discuten contigo, en este caso conmigo, son casi todos conocidos, y no como ayer, cuando iba por la calle y todas las caras pasaban y pasaban, cada una con su expresión y su palabra, acaso, recién dicha, o pendiente, o ya quemándole en la boca, y pude volver a experimentar esa sensación de la paradójica soledad de en medio de una multitud de desconocidos.
lunes, 25 de febrero de 2008
El tiempo esta mañana es redondo
como una manzana colorada, como la esfera
a que el viejo maestro
da vueltas, aburrido,
mientras recitamos una vez más, siguiendo el ritmo
la tabla
de multiplicar.
El tiempo, esta mañana, se persigue a sí mismo,
dando vueltas,
como un tiovivo, como las pescadillas que se muerden la cola,
va
como un hilo finísimo de luz,
haciendo lazadas, alrededor de la niña
que sueña,
mirando el río desde detrás de los cristales,
soñando que el tiempo, como un rayo
se pierde entre las nubes, allá en lo más pálido del azul
con que recatan, de día, las estrellas
su insoportable belleza.
como una manzana colorada, como la esfera
a que el viejo maestro
da vueltas, aburrido,
mientras recitamos una vez más, siguiendo el ritmo
la tabla
de multiplicar.
El tiempo, esta mañana, se persigue a sí mismo,
dando vueltas,
como un tiovivo, como las pescadillas que se muerden la cola,
va
como un hilo finísimo de luz,
haciendo lazadas, alrededor de la niña
que sueña,
mirando el río desde detrás de los cristales,
soñando que el tiempo, como un rayo
se pierde entre las nubes, allá en lo más pálido del azul
con que recatan, de día, las estrellas
su insoportable belleza.
Recorro parte, una parte muy pequeña, del mundo, y cuando llego, estoy allí, esperándome. Me encuentro, por la mañana, a cualquier hora que me levante, agazapado en el espejo del hotel, mirándome fijamente, diría que escrutándome y descubriendo con asombro que soy yo, el mismo del espejo de casa, me vuelvo a otro espejo y sigo allí, acompañándome como mis sombra, como la ya larga estela de mis hechos desde que nací, de mis actos desde que tuve uso de razón. Afuera, conmigo pero afuera, está todo lo demás, pero heme aquí, aparentemente de una pieza y sin embargo parcela de todo eso que aparentemente no me atañe. Si el hotel se viene abajo, por ejemplo, o hay un terremoto que asole la ciudad, o un grupo de asesinos pone una bomba, este castillo aparentemente cerrado en que consisto, se derrumbará, destruirá y en seguida, salvo para unos pocos que me recordarán apenas, si acaso en momentos, y eso mientras ellos mismos vivan o conserven la razón, y luego sería como si no hubiera existido, salvo incluso en el número de los no sé cuántos millones de habitantes que tenía el mundo este año, es decir, aquél. Entre todos esos millones, una brizna de hierba del prado, una hoja del follaje, ni siquiera del árbol, sino de la selva. Ese habré sido. Y sin embargo, si no estuviese ahora mismo mirándome en este espejo, la creación y el universo estarían incompletos, porque yo ya estaba, estoy en el plan inicial, igual de necesario que la revolución francesa o la torre Eiffel o el río Amazonas, o incluso el Nilo.
domingo, 24 de febrero de 2008
Es mejor no ahondar
en lo más profundo de la niebla del pensamiento
que estoy pensando
porque en el fondo de la razón está la locura,
más allá de la cual
se convierte la razón en un tormento, puedes
acercarte tanto a la posibilidad
de que sea verdad lo que piensas
que dejes de creer en todo, incluso
en tu propia existencia
y entonces
cuando hayas muerto
podría ser como si jamás hubieras vivido
y nadie sabe lo que podría ocurrirte en este horrible caso.
en lo más profundo de la niebla del pensamiento
que estoy pensando
porque en el fondo de la razón está la locura,
más allá de la cual
se convierte la razón en un tormento, puedes
acercarte tanto a la posibilidad
de que sea verdad lo que piensas
que dejes de creer en todo, incluso
en tu propia existencia
y entonces
cuando hayas muerto
podría ser como si jamás hubieras vivido
y nadie sabe lo que podría ocurrirte en este horrible caso.
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