Hoy es otro día,
de la salmodia, la cantilena, la letanía
de los días,
que se van repitiendo, todos iguales, menos dos
-todos los demás no son
más que imágenes,
símbolos,
recuerdos o presagios, según,
de los únicos dos días que en realidad existen-
el día de nacer
y el de morir,
los demás son ensayos fallidos,
o adulterados recuerdos
durante que inventamos, para entretener el ocio,
el odio, la maledicencia,
la envidia,
el amor,
las alegrías súbitas, las penas
insoportables y las aventuras de verano
o los grandes almacenes
a que un día,
siempre un día, otro día inexistente,
quedarán reducidas las grandes ciudades de ahora mismo.
En realidad, he de confesar, que se trata de mis digresiones. Por eso, advierto que para cualquier curioso lector, podrían ser poco interesantes, intrascendentes, banales y hasta aburridas. Entonces -me pregunto- ¿para qué las escribes? Aún no he hallado respuesta para esta pregunta.
viernes, 23 de octubre de 2009
martes, 20 de octubre de 2009
Dubitativo
recorro el camino de hoy,
que no sé si es el mío
o el mío se ha borrado ya, cuando escogí,
en aquella encrucijada, éste,
donde acabo
de encontrar el cansancio de dudar,
tener ese miedo inconcreto
que nunca sé de qué es en realidad. Y sin embargo
adivino
que cualquier camino,
también cualquier camino equivocado,
lo hacen mío mis pasos, el sudor,
cada huella,
las palabras que en él voy olvidando,
como arbustos, unos floridos, otros secos
en los bordes
donde el brezo y la aulaga,
donde susurra el viento
incomprensibles mensajes de ánimo.
recorro el camino de hoy,
que no sé si es el mío
o el mío se ha borrado ya, cuando escogí,
en aquella encrucijada, éste,
donde acabo
de encontrar el cansancio de dudar,
tener ese miedo inconcreto
que nunca sé de qué es en realidad. Y sin embargo
adivino
que cualquier camino,
también cualquier camino equivocado,
lo hacen mío mis pasos, el sudor,
cada huella,
las palabras que en él voy olvidando,
como arbustos, unos floridos, otros secos
en los bordes
donde el brezo y la aulaga,
donde susurra el viento
incomprensibles mensajes de ánimo.
lunes, 19 de octubre de 2009
Me consuela saber
que los muertos
no lo están para siempre. Nada
puede morir
cuando ha nacido. Cambia, se mueve, anda, emigra
más allá del silencio
que calla entre los planetas
desconocidos,
saltando
de estrella
en estrella, cuando cada estrella muerta
sigue emitiendo luz,
dispensando,
con su temblor –probable miedo- en lo oscuro,
el proyecto
de nuevas
alegrías. Me consuela saber que un día, acordes,
seremos
la misma luz.
Tú, que tanto me amabas, y tú, y todos vosotros
comprendidos
por fin,
en un jadeo,
un suspiro,
todo.
que los muertos
no lo están para siempre. Nada
puede morir
cuando ha nacido. Cambia, se mueve, anda, emigra
más allá del silencio
que calla entre los planetas
desconocidos,
saltando
de estrella
en estrella, cuando cada estrella muerta
sigue emitiendo luz,
dispensando,
con su temblor –probable miedo- en lo oscuro,
el proyecto
de nuevas
alegrías. Me consuela saber que un día, acordes,
seremos
la misma luz.
Tú, que tanto me amabas, y tú, y todos vosotros
comprendidos
por fin,
en un jadeo,
un suspiro,
todo.
Hay un búho, ahí atrás, o no sé si una lechuza, que ulula a veces. Me gusta como suena, es como a luz de luna. Sí. Eso es lo que quiero decir, el ululato del bicho ése suena como es la luz de luna. Del mismo color. Estará llamando a alguien, digo yo. En el mundo de los avechuchos ¿habrá también, como en nuestra televisión, tiempo de anuncios? ¿Qué anuncia un búho? ¿Abundancia de ratones campestres? Un poco más arriba, atrás, he dicho “nuestra” televisión, pero mía no, desde luego. Si fuese mía le quitaría en seguida un montón de programas y de series que no puedo soportar. Haber, debe haber hasta a quien le gusten, porque si no, no los pondrían. Mejor, pues, que la televisión no sea mía, ya que no soy yo nadie para dictar reglas ni sobre gustos ni sobre ninguna otra cosa, a Dios gracias. Debe ser terrible eso de poder dictar reglas, leyes, normas que los demás estén obligados a seguir y cumplir. Incluso al perro, me gusta permitirle corretear por donde le guste y pararse donde prefiera y por eso utilizo para salir a la calle uno de esos mandos de rabo largo, que le permiten, si no hay puñeteros coches, deambular de un lado a otro, reconociendo minuciosamente las huellas debe ser de sus congéneres, que examina, olfatea y creo que hay veces que incluso lame con fruición. Lo van a fastidiar con una ordenanza nueva que ha dictado el cónclave municipal respecto de la limpieza de las calles. Resulta ahora que tienes que pagar impuestos para los gastos de la administración, supuestamente a tu servicio, pero cada vez te imponen mayores y más variadas servidumbres. Te dicen que has de poner en la calle la basura a la hora exacta a que a ellos les conviene; has de reciclar y separar las diferentes clases y categorías de basuras, para que luego ellos las reciclen a su gusto, y ahora, para colmo, no podrás regar tus plantas ni sacudir tus alfombras y encima deberás enseñar al perro a que mee en los imbornales de las alcantarillas y deberás recoger sus deyecciones sólidas para echarlas en los bidones. Une a eso que tienes que realizar la liquidación de tus impuestos, adelantar su pago durante el año y pagar multa cuando te equivoques, ya me contarás. Y ni siquiera ponen papeleras, bidones o lo que sea, frecuentes, y allá tienes que ir tú, con la mierda del perro a cuestas y la misma expresión entre crispada, angustiada y nerviosa, que lleva el conductor de un coche cuando no encuentra dónde aparcar.
domingo, 18 de octubre de 2009
Ni siquiera sabía cómo se llamaba, ni lo supe hasta que dieron la noticia de su muerte, pero desde que escuché sus primeras retransmisiones de los partidos de fútbol, ninguna otra ha vuelto a divertirme como él lo hizo con las suyas, apoyado en Kiko Narváez y Julio Salinas. Ignoro si su desenfado pudo molestar a algún estrecho de esos que siempre hay o parecer, como también he leído estos día que las retransmisiones que hacía eran “poco técnicas”, para mí, quiero dejar constancia escrita de que fueron inolvidables, originales, divertidas y capaces de salvar incluso el aburrimiento que ahora producen algunos partidos de fútbol maquinados por profesionales del antifútbol y el antideporte defensivo en general, que han llegado a suponer justificables esas que llaman “faltas técnicas” o “faltas tácticas”, para ellos explicables y hasta justificables al igual que las feroces tarascadas de algún que otro profesional de la zancadilla, el rodillazo o el agarrón susceptibles de detener, aunque sea a costa de lesionar, al artista contrario, de otro modo para ellos inalcanzable.
Ahora he descubierto que se llamaba Andrés Montes y que lo echaron de la cadena que antes había tenido el acierto de permitirle espero que crear una escuela, un modo de hacer, que alguien será, también espero, capaz de continuar y seguir desarrollando con pareja fortuna a la de la arrolladora originalidad de este profesional, tan capaz de transmitir la emoción del encuentro que así lo merecía como de divertir aunque se tratase de uno cualquiera de esos soporíferos ejercicios de oposición al empate a cero que con tanta frecuencia nos invitan a echar un sueño, ahora que las transmisiones suelen hacerse a horas cada vez más intempestivas. Descanse en paz.
Ahora he descubierto que se llamaba Andrés Montes y que lo echaron de la cadena que antes había tenido el acierto de permitirle espero que crear una escuela, un modo de hacer, que alguien será, también espero, capaz de continuar y seguir desarrollando con pareja fortuna a la de la arrolladora originalidad de este profesional, tan capaz de transmitir la emoción del encuentro que así lo merecía como de divertir aunque se tratase de uno cualquiera de esos soporíferos ejercicios de oposición al empate a cero que con tanta frecuencia nos invitan a echar un sueño, ahora que las transmisiones suelen hacerse a horas cada vez más intempestivas. Descanse en paz.
viernes, 16 de octubre de 2009
Se necesita, a veces, escribir, sin saber siquiera acerca de qué. Enciendes la pantalla, abres el programa, ves ante ti el papel, o su imagen, limpia todavía de letras y de palabras, de frases, sabes que ahora, caído en la tentación, ya no te queda más remedio que escribir. Recuerdas las páginas últimas de tus lecturas más recientes, y tu discusión mental con el autor, que ganaste, tramposo, porque él no estaba para defenderse y tú hablabas por él y le fingías razonamientos insuficientes, como cuando juegas solo al ajedrez y te haces la trampa de meditar tus jugadas y responderte con las mediocres del otro yo apenas fingido para que te sirva de entrenador sin ser más que un aspecto un poco más mediocre de ti mismo.
Leo opiniones acerca de lo correcto, lo legal, lo ajustado a Derecho. Un jurista opina que todo vale para atrapar al malo, reducirlo y apartarlo de la sociedad en la medida de lo posible; otro dice que eso lo excluyen los derechos fundamentales y la libertad protegida por la democracia y el Estado de Derecho. Es divertido estar observando desde fuera el culto a la democracia sin especificar, nadie lo hace, cuando la democracia deja de serlo, se convierte en lo que Plotino llamaba oclocracia y deja de ser respetable, para convertirse en una aberración de su concepto.
No voy a proponer verdades como puños. No las tengo. No tengo más que mis verdades, en constante confrontación, en cada momento erosionadas por su contacto con verdades que esgrimen los demás en estas justas en que la vida misma consiste, donde aprendes a trompicones, pero para mí, una democracia deja de serlo cuando se trata de convertir, y de hecho a medias se logra, en la tiranía de unos pocos, a través de las muchas artimañas que lo permiten, con desprecio de la procedencia de integrar en las decisiones de la mayoría los detalles que así lo merezcan de cada minoría mayor o menor. Las minorías no deben ser destruidas, sino cultivadas para que, si lo merecen y puede ser bueno para el bien común de los más posibles, sean capaces de ocupar las responsabilidades del poder y la representación.
Discrepo de quienes dicen que hay un sistema de gobierno mejor siempre que todos los demás. Opino que cada sistema de gobierno es una herramienta cuyo uso puede ser oportuno en un ámbito determinado y en una determinada época y el mejor para ese pueblo en un momento dado, en definitiva. Tengo la impresión de que hoy, aquí, a mi alrededor, hay dos equipos políticos numerosos y varias minorías, todos los cuales emplean demasiado tiempo en tratar de desprestigiar y si es posible aniquilar a sus rivales. Con la de cosas que hay pendientes de hacer en un tiempo como éste que nos ha tocado vivir, en que nada menos que tendríamos que inventar una economía, después un sistema económico, al mismo tiempo un sistema social y al final una nueva sociedad con que enfrentarse a los evidentes adelantos de un milenio en que creo que se está a punto de descubrir infinidad de cosas que se derivan de los impresionantes y vertiginosos logros finiseculares.
Leo opiniones acerca de lo correcto, lo legal, lo ajustado a Derecho. Un jurista opina que todo vale para atrapar al malo, reducirlo y apartarlo de la sociedad en la medida de lo posible; otro dice que eso lo excluyen los derechos fundamentales y la libertad protegida por la democracia y el Estado de Derecho. Es divertido estar observando desde fuera el culto a la democracia sin especificar, nadie lo hace, cuando la democracia deja de serlo, se convierte en lo que Plotino llamaba oclocracia y deja de ser respetable, para convertirse en una aberración de su concepto.
No voy a proponer verdades como puños. No las tengo. No tengo más que mis verdades, en constante confrontación, en cada momento erosionadas por su contacto con verdades que esgrimen los demás en estas justas en que la vida misma consiste, donde aprendes a trompicones, pero para mí, una democracia deja de serlo cuando se trata de convertir, y de hecho a medias se logra, en la tiranía de unos pocos, a través de las muchas artimañas que lo permiten, con desprecio de la procedencia de integrar en las decisiones de la mayoría los detalles que así lo merezcan de cada minoría mayor o menor. Las minorías no deben ser destruidas, sino cultivadas para que, si lo merecen y puede ser bueno para el bien común de los más posibles, sean capaces de ocupar las responsabilidades del poder y la representación.
Discrepo de quienes dicen que hay un sistema de gobierno mejor siempre que todos los demás. Opino que cada sistema de gobierno es una herramienta cuyo uso puede ser oportuno en un ámbito determinado y en una determinada época y el mejor para ese pueblo en un momento dado, en definitiva. Tengo la impresión de que hoy, aquí, a mi alrededor, hay dos equipos políticos numerosos y varias minorías, todos los cuales emplean demasiado tiempo en tratar de desprestigiar y si es posible aniquilar a sus rivales. Con la de cosas que hay pendientes de hacer en un tiempo como éste que nos ha tocado vivir, en que nada menos que tendríamos que inventar una economía, después un sistema económico, al mismo tiempo un sistema social y al final una nueva sociedad con que enfrentarse a los evidentes adelantos de un milenio en que creo que se está a punto de descubrir infinidad de cosas que se derivan de los impresionantes y vertiginosos logros finiseculares.
Debe haber por ahí una excursión de nostálgicos, que escriben, responden a las entrevistas, comentan, pontifican respecto de lo que antes había y hemos perdido. Me dan cierta pena porque se empecinan en no mirar sino atrás y no se dan cuenta de que a cambio tenemos muchas cosas que entonces no había. Si queréis –les dirá de buena gana- podríamos fingir aquello, pero entonces sólo podíamos imaginar, y eso los más imaginativos, cosas de las que tenemos ahora, que son, además, las que nos permiten ser desdeñosos y aparentemente suficientes.
No éramos más felices, sino más jóvenes, y eso es lo que en realidad echamos de menos, sin darnos cuenta de que a cambio tenemos ser como somos ahora mismo, adultos o selectos, es decir, lisa y llanamente viejos, circunstancia que nos permite opinar acerca de lo que, de vivir, hemos sacado cada cual en consecuencia que es la vida.
Desde luego, un hermoso privilegio, que puede teñirse de inmenso dolor, pero contiene también siempre la posibilidad de salir afuera de uno mismo y soñar a capricho otros mundos o destruirlos por el sencillo trámite de idear otro o pensar en otra cosa.
Disponemos de un piano abierto ante cada uno, y de la posibilidad de darles a las diferentes teclas de la vanidad, la envidia, la soberbia, la generosidad y escuchar cada sonido, que enternece, lastima, agobia o ayuda a quien viene al lado, convive inexorablemente con nosotros y a su vez se relaciona con nuestra fragilidad según su condición y las circunstancias que a ambos nos rodean y agitan como si fuésemos dados en un mismo cubilete.
No éramos más felices, sino más jóvenes, y eso es lo que en realidad echamos de menos, sin darnos cuenta de que a cambio tenemos ser como somos ahora mismo, adultos o selectos, es decir, lisa y llanamente viejos, circunstancia que nos permite opinar acerca de lo que, de vivir, hemos sacado cada cual en consecuencia que es la vida.
Desde luego, un hermoso privilegio, que puede teñirse de inmenso dolor, pero contiene también siempre la posibilidad de salir afuera de uno mismo y soñar a capricho otros mundos o destruirlos por el sencillo trámite de idear otro o pensar en otra cosa.
Disponemos de un piano abierto ante cada uno, y de la posibilidad de darles a las diferentes teclas de la vanidad, la envidia, la soberbia, la generosidad y escuchar cada sonido, que enternece, lastima, agobia o ayuda a quien viene al lado, convive inexorablemente con nosotros y a su vez se relaciona con nuestra fragilidad según su condición y las circunstancias que a ambos nos rodean y agitan como si fuésemos dados en un mismo cubilete.
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