En realidad, he de confesar, que se trata de mis digresiones. Por eso, advierto que para cualquier curioso lector, podrían ser poco interesantes, intrascendentes, banales y hasta aburridas. Entonces -me pregunto- ¿para qué las escribes? Aún no he hallado respuesta para esta pregunta.
martes, 12 de abril de 2011
Se nos grita, con cierta prudencia, desde las esquinas oscuras, con la careta puesta, que procede rebelarse, que es lícita la revolución. Pues bien, yo contesto que nunca es lícita la revolución si no se hace más que para sustituir al gobernante. La única revolución lícita posible es la que se hace para cambiar el modo de gobernar.
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