sábado, 25 de junio de 2011

Cuanto más pobre sea un pueblo y más deficitaria su cultura, será más difícil implantar o mantener en él un sistema democrático de gobierno, que, por su propia naturaleza, requiere tiempo, recursos y la mayor homogeneidad sociopolítica posible.

Cuanto más pobre sea un pueblo y más deficitaria su cultura, necesitará más un sistema de gobierno ágil y resolutivo, incompatible con la perpetua duda democrática, que ralentiza decisiones, y, por consiguiente, soluciones que para los más necesitados no admiten, no pueden soportar espera.

Una infraestructura para inventar y poner algo donde no hay nada o demasiado poco, ha de realizarse, por ejemplo, sin la demora habitual que requiere deliberar sobre cualquier mejora de los que ya tienen satisfechas sus necesidades básicas en democracia con economía estructurada, puesto que del retraso se siguen hambre, necesidades insatisfechas, injusticia social, crispaciones personales y situaciones sociales inestables.

Siempre, sin embargo, los utópicos a ultranza, seguirán diciendo que decir que se piensa de este modo no es más que un subterfugio para mantener situaciones de tiranía o de abuso de poder, que siempre serán, en opinión de quienes así opinan, más urgentes de remediar que las necesidades de un cuerpo social sojuzgado.

Como el lógico, no se puede estar nunca seguro de tener razón, pero me sigue pareciendo a mí más probable que lo más urgente en estos supuestos es tratar de homogeneizar la cultura del grupo.

Se tardará más, pero el resultado final tendrá mayor solidez, estabilidad y duración.

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