lunes, 11 de junio de 2012


No se buscan los euros, pesetas disfrazadas, que se han ido por las rendijas. No se intenta hacer euros nuevos. Se necesita, casi por cada euro, una víctima que inmolar para que lave nuestras culpas. La responsabilidad siempre es de otro. Nosotros hemos sido siempre las víctimas inocentes. Parecería cómico, si no fuese tan trágico.

Contra lo que critican de que en otro mundo cada religión dice que se premiará a los buenos y se castigará a los malos, me permito opinar que el buen padre Dios obrará en ese otro mundo aparentemente imposible y desde luego inimaginable, con arreglo a su infinita misericordia paternal. Y los últimos que lleguemos a la viña, cobraremos como los jornaleros que llevaban trabajando desde el amanecer. Y lo mejor de todo será que todos, buenos y malos, despilfarradores y víctimas, nos alegraremos juntos de que todo haya sido así y que esta turbulencia en que habrá consistido la historia humana, acabe en un regreso a la tersura deslumbrante de la luz compartida.

No creo en esa justicia de que se disfraza la venganza. Pienso que la auténtica justicia, que espera y sobrevive en alguna parte, consiste en que de verdad seamos capaces de superar que haya otros mejores y peores que nosotros y seamos capaces de comprender y perdonar que nos engañen, nos ayuden, nos superen y nos agobien con sus necesidades y su soberbia, su complejidad y nuestros altos y bajos instintos.

Al fin y al cabo el privilegio de vivir consiste en haber convivido y aprender trabajosamente a entendernos a nosotros mismos, hasta donde cada cual es capaz, a fuerza de comprender a los otros que vienen en la misma caravana. Sean como sean, nos parecemos prodigiosamente a ellos

No hay comentarios: