jueves, 28 de junio de 2012


Hispaña, la cosa esa entronómica que ni chicha ni limoná, inventaron los bárbaros estos de la contracultura política para salirse, pensaban ellos, del enfrascamiento, la obsesión, esi cosu de les tres Hispañes: la madre ya outras dos, hermana María, hermana Colasa, madre que me pega, madre que me abrasa. Machado, avellugando bajo aquel sombrerín que solía, escribió lo del españolito que estaba naciendo y ya estaban pensando como irle partiendo, una de las dos Hispañes, el corazón. Helarte, escribió, para no ser tan duro con el hacha del verdugo.

Na que facer. Semos como semos y nos encanta encelarnos, cabezones, en la razón de la sinrazón que siempre nos asiste. Primero yo, luego naide y dimpués osté, paisanu, favor que i faigo sacando el su nombre, manque sea en tercer lugar y a distancia.

A un panal de rica miel …, dice la fábula. Nada menos que mil interinos de un plumazo, amén de nosecuantos asesores de esto, aquello y lo de más allá. Unificar y adelgazar, desdoblar y simplificar. Un día de estos, a alguien se le va a ocurrir la luminosa idea de que unos cuantos profesionales deberían hacerse cargo de lo que todo un ejército, un gremio de aprendices, pinches, auxiliares, timoneles y gavieros nos estaba embrollando además de llevarnos  a la ruina del viejo naviero, farto de pagar el montemayor de la embarcación.

Vieja rutina del amusqui, de los gastos a montemayor y los ingresos, grandes o pequenos, a repartir.

No se trata de que te obedezcan ni de que obedezcan al otro de la alternativa o los terceros y hasta cuartos que habrá que inventar para salir de la rutina, el tiovivo y el lendel, sino de que cada vez más gente aprenda que la conducta de cada cual es responsabilidad de cada cual, con arreglo a unas normas éticas de fácil comprensión y universal aceptación.

Menos grupo, menos masa, más enterarse del cómo, del por qué y de las preguntas pendientes. En la duda, decía aquel responsable, nada de abstenerse; en la duda, siempre, sin excepción, estudiar más. El estudio no dará nunca soluciones definitivas, sino dudas y probabilidades que han de abrir camino a la sempiterna curiosidad humana y nos mantendrán vivos en casi toda la extensión del concepto.                                                                                                               

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