sábado, 21 de febrero de 2009

Hay una brumosa niñez
que todavía juega,
incansable,
por los laberintos de aquella memoria más lejana
hecha de teselas,
apenas memoria
donde está lo que ahora somos en proyecto
forjado sin pensar,
por otras manos llenas de ternura.

Es la parte que somos
de algo que otros, enamorados,
habrían querido que de algún modo fuésemos,
nuestra raíz más triste,
un sueño ajeno, que se fue diluyendo
en estos otros nuestros
que ahora soñamos con tanta ilusión
para
nuestros
nietos.

Tal vez en esto de ir soñando por otra
consista
el secreto de la supervivencia de la especie,
la aparente sinrazón
de que nadie pueda salvarse solo
de la tristeza
y
de la muerte.

No hay comentarios: