domingo, 15 de febrero de 2009

No recuerdo
haber escrito nunca los versos agridulces
de tu recuerdo. Un recuerdo pequeño:
sobre todo
de tus manos,
que eran como caricias presentidas,
contenidas,
en la ágil,
la inesperada armonía, a la vez vuelo y proyecto,
con que tuviste
mi mano
en tu mano,
para decirme: podría ser …
Dudabas, ahondabas
con tu mirada sin secreto
qué habría en el mirar
con que yo te miraba, todavía,
ya admirado, inseguro,
con las palabras indecisas,
enredado en tu voz.
¿Qué se llevó tu voz?
¿A dónde,
que no me queda más
que el recuerdo
de tu olvido?

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