miércoles, 18 de enero de 2012

¿Quién me regaló un estereóscopo? Ya no recuerdo, pero sí la maravilla de sus dobles fotografías, susceptibles de verse en relieve cuando todavía era un proyecto la fotografía de colores.

Vendían paquetes de paisajes rústicos y urbanos. Arboles frondosos, arquerías, ajimeces, claustros, puertos llenos de balandros con sus palos haciendo bosque.

Lo recuerdo ahora con esto de televisiones, consolas y películas tridimensionales, con y sin gafas. Cada día un pasito, una actualización. Ponerse al día ya no está al alcance de nadie. Pasa como con el saber, que siempre me impresionó a mí profundamente que mi libro de historia dijese que san Isidoro de Sevilla era un “compendio del saber de su tiempo”. Tremendo. Saber todo lo que en su tiempo se podía saber. Una especie de internet humano. Por cierto, ¿“internet” es masculino, femenino, neutro, común, epiceno o ambiguo?

El saber. Misterioso y acuciante anhelo de algunas gentes. A otras les importa un comino saber cosas. Ay quien dice que hasta veintitrés clases de inteligencia permiten al ser humano serlo sin necesidad de saberlo todo. Aún así, hay a quienes nos ocurre que suscita nuestra curiosidad cuanto pasa a nuestro alrededor. Me gustaría conocer todas las clases y características de los árboles, las piedras, los arbustos, las flores, los pájaros. Saber qué pájaro es ése que canta. Y relacionar unos con otros los acontecimientos históricos y colocarlos en sus respectivas épocas. Y conocer todas las palabras y sus significados.

Y cuando lo supiera todo …

La experiencia me dice que cuanto más sepa una persona, será como si acumulase los conocimientos como bloques grandes, a su lado. Cuantos más sean, más larga será la acuciante sombra de ignorancia que proyecten.

Tomo nota para su ulterior desarrollo: la idea del camino de la vida de cada cual como camino iniciático que desarrolla el trayecto de su fracaso personal. El hombre, deslumbrante soñador, hacia el final de sus días, descubre que nunca se llega del todo y debe aceptarse con humildad y paciencia, pero empecinado, hasta el final, en tratar de lograrlo.

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