domingo, 28 de junio de 2009

Dejad estar a los muertos. Sus batallas
ya no pueden ser las nuestras.
Dejadlos que descansen del error
o del acierto. Cualquier cosa que hagáis
estará todavía cargada de odio,
será fruto podrido de rencores,
será venganza. Nadie
puede tratar de hacer justicia hasta que olvide
cualquier agravio.
Dejad a los muertos quietos
y solos.
El buen padre Dios
-y si no creéis en Dios, la tierra hueca,
vacía-
se ocupan de ellos, los perdonan,
como hay que perdonar
antes de hacer justicia a nuestra burda manera.
Dejadlos donde están,
enterrados
entre penas, olvidos, y la alegría estéril
de quienes eran
sus enemigos y amigos. Dejad
que el tiempo los convierta
en símbolos del bien o del mal de otra época
que ya no nos concierne.
A nosotros nos toca
ir modelando la vida con lo que dejaron
olvidado en la orilla
a medida que se iban muriendo
no juzguéis si de amor o de odio, porque uno y otro empiezan
donde su opuesto acaba y vivir
es irlos conjugando, convertirlos
en esperanza de más vida. -

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