martes, 20 de julio de 2010

Hay una boda en la capilla más antigua
de la vieja
catedral.

La catedral no es gótica del todo,
no es completamente
románica.

Es una catedral que tardó tanto en acabarse
que les salió indecisa a unos canteros
sorprendidos.

Ahora, siglo ya XXi, está vacía,
digo mal, en sus estancias,
capillas, girola,

el aire está impregnado
de incienso, de tristeza, miedo antiguo
y una luz mortecina,

temblorosa,
del color del fuego débil, la fe
semiescondida

bajo los asientos de madera
bruñida.
La catedral,

sin querer,
a fuerza de nostalgia
que vaga sola por sus naves,

entristece, implacable, la boda.
La novia
siente posarse un escalofrío en su espalda,

el novio se ha quedado
ausente,
pensativo.

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