domingo, 4 de julio de 2010

-¿Qué haces?
-Recorro el horizonte.
Un horizonte
debería ser terso,
puro como las líneas geométricas,
carentes, me dicen, de materia.
Pero es,
en cambio,
como la vida misma, imprevisible.
De pronto imagen, sueño, pequeña
fractura de la esencia de su rectitud,
mudada en sombra apenas,
átomo del paisaje, y, sin embargo,
puede que inmenso buque lleno de personas
o de riquezas inimaginables.
-Y eso, a tí ¿qué te importa?
No me importa. Adivino que ocurre, y comprendo
la inconsistente vanidad de mis sueños,
aprendo
a conformarme
con la hermosa aventura de vivir
y mirar
y apreciar
las cosas que pasan.

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