martes, 6 de julio de 2010

Por delante de mi, va mi sueño,
tropieza y me detengo
sobresaltado aún por tu presencia,
esa palabra inesperada que me dices
y me turba,
entristece. No tenemos,
te digo, más que al buen padre Dios,
lo demás son ficciones, como el tiempo, que no es nada,
pero acaba abrumándonos de temor.
Un día cualquiera,
para el que hemos estado ensayando desde que nacimos,
sonará,
precisamente para cada uno de nosotros,
para ti,
para mí,
el gran portazo, el verdadero Big Bang
del alba.
Y nuestros sueños y las palabras
quedarán definitivamente atrás,
como si no se hubieran dicho
ni se dejen de decir todas juntas, al mismo tiempo,
que ya no será tiempo,
sino eternidad.
Un mismo instante y todos a la vez.
Tal vez como un grito y a la vez el sonido
inacabable
de la luz que no da sombra.

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