miércoles, 9 de septiembre de 2009

Decidme de dónde viene el mal, quién lo inventa, de qué manantial brota cada día y hace cuanto puede por inundar la vega en que tratamos de sobrevivir otro día.

El mal es lo oscuro, cuando se llena de miedos, la tristeza, cuando llora de las brasas de cualquier olvido.

Es la soledad de no llegar siquiera a la posibilidad de inventar una criatura imaginaria con que intercambiar las palabras del monólogo a que la soledad reduce la necesidad de hablar, de cualquier criatura dotada de la facultad de comunicarse con el resto de su especie.

El mal es lo que reconduce a la parte oscura que todo lleva como nuestro cuerpo material hace cada día la sombra. Cuanto más grandes somos, en todos los sentidos del vocablo “grandeza”, mayor es la sombra que impartimos.

El bien se equilibra con mal tal vez, como la sombra con la luz, el día y la noche, la belleza y la fealdad.

Al pensarlo ¿no advertís el desasosiego? ¿Cómo se puede sobrevivir cuerdos a tanto misterio como somos y nos envuelve?

¿Es la verdad la que hace libres? ¿Cuándo se sobrevive alrededor de una mentira, dónde se restablece el equilibrio?

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