miércoles, 7 de septiembre de 2011

Alguien, uno de esos que recopilan de aquí y de allá frases de gente importante, cuenta que Einstein dijo en algún momento que en momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Mi abuelo, boticario, repetía que intellectus apretatus, discurrit qui rabiat, y mi observación personal me trae a la conclusión que los genios o los ingenios, producen lo mejor de su obra en tiempos de necesidad. Y no me negaréis que, a través de peripecias increíbles y casi insoportables, la humanidad ha acreditado muchas veces a lo largo de su historia la capacidad que tiene de sobrevivir a las dificultades, ya sea como tal humanidad, en su conjunto o como grupos de humanos menores.

Todo ello me mueve el ánimo a optimismo.

Del otro lado está la terca obstinación de hombres concretos, cuando digo hombres quiero decir personas concretas, de uno u otro sexo, sin pararme en los remilgos al uso, que se empeñan en anteponer la sin duda diferenciada parte individual de su esencia a lo que puede convenir a la parte social, colectiva. De esta tensión se han derivado y aún siguen muchos males para el conjunto.

Resulta difícil para ¿muchos? ¿sólo algunos? entender que el hecho de que precisamente ellos sean diferentes y hasta es posible que mejores, se produce no para su exclusivo beneficio, sino para el del conjunto humano de que también forman parte indisoluble. La excelencia está al servicio del hombre como individuo y como ser sociable e inexorablemente social.

Conócete a ti mismo –hoy estoy por las citas- y habla poco de ti. Estoy convencido de que cuanto antes lo logramos, primero nos acercamos a la máxima intensidad posible de nuestra personalidad y con ello a nuestra máxima utilidad posible. Añadiré la última frase: amar es tratar de ser útil para la felicidad der ser amado, aún a costa de nuestra propia felicidad.

Por si no os habíais dado cuenta, se acerca el otoño. Cada mañana se advierte más fría la rousada. Se engarza el rocío en las telarañas. Cada mañana, cuesta más a la niebla separarse de las laderas del valle. Le cuesta más al río apartar la manta de niebla con que se arropó durante lo oscuro. Laila, soñolienta, se estira y me echa una perezosa mirada: ¿pero de veras –me pregunta con los ojos- quieres salir?

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