domingo, 11 de septiembre de 2011

La mota de polvo que soy
¿flotará dónde
entre tanto ruido de máquinas fantásticas
que mandaréis mis nietos a la Luna, lunera,
Marte, de John Carter
y sabe el buen padre Dios cuántos destinos?

¿Habrá sido en vano
haber existido,
esforzarme,
rezar, sufrir, gozar,
arrepentirme de tantas cosas?

Seré, cuando más,
la misma arquitectura,
pero ¿cuál?

Si fuimos química y forma,
misterioso núcleo pensante, que flota
dentro de sí, engañado y engañando a los sentidos
¿qué va a permanecer?
¿dónde?

En la vejez,
aprieta las sienes el silencio
con sus insensatas turbulencias
donde se mezcla
la esperanza
con el terror, un esfuerzo imaginativo,
la escéptica corneja
que sale enceguecida de su hura
de la espadaña de la vieja iglesia abandonada
del lugar semivacío
que mira el mismo horizonte
arremolinado de siglos
para encender la hoguera del ocaso del sol de hoy.
un día
de un mes
del tercer milenio, recién iniciado
y este cansancio
como el respirar hondo de un suspiro

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