martes, 5 de junio de 2007

Esta tarde, los nubarrones, lejos,
se han apostado sobre la cima del monte que limita el mundo
que se ve
desde mi ventana. ¿Hay otros?
Nadie sabe lo que puede estar ocurriendo
más allá del collado, donde no llegan
los engañosos sentidos.
Creer, es lo único que nos mantiene,
en la esperanza de encontrarnos mañana
o tal vez cualquier otro día, en cualquier ciudad
que seamos capaces
de imaginar. A mí, esta tarde me gustaría
que fuese
una ciudad mágica, imposible,
como Venecia
o como Praga.
Pero me conformo con que permanezcas en mi corazón
y por eso
he decidido no salir estar tarde de viaje,
dejar que los nubarrones, lejos,
cierren el paisaje
y estarte queriendo a pesar de todo.

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