viernes, 29 de junio de 2007

¿Por qué, Señor, no dejas que imagine
la estancia en que reside
tu esencia,
la eternidad de que perdí memoria
al nacer a esta noche de tu ausencia?

¿Por qué me dejas ser, como no quiero,
capaz de defraudar
tu previsión de que viviera aquí
donde yago consciente del destierro
que no sé dónde ni cuando merecí?

¿Por qué, Señor, me dejas que te olvide
a medida que un tiempo que no existe
nos aleja y presiento que me acerca
a una puntual llamada tu presencia
donde holgarán sin duda las palabras?

¿Por qué no puedo ya reconocerte
en estas sombras con que voy camino
de no sé dónde, en las que Tú me esperas
desde siempre, cuando ni siquiera
habías decidido que naciese?

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