sábado, 30 de junio de 2007

La tecnología se ha convertido en magia con posibilidades cada vez mayores, ejercitables a través o mediante objetos más pequeños. Y cada vez que se pone a la venta un artilugio nuevo, ejércitos de buscadores se echan a la calle, acampan ante los puestos de venta, en suma, enloquecen y hasta leo asombrado que en los EEUU de América hay quien hace cola para vender el puesto al mejor postor, que podrá asegurarse ser de los primeros en adquirir el deseado artefacto. Se lo cuento a mi perro, durante la salida matinal y no se inmuta. Pienso que me ha mirado con cara de no comprender. Esta no es hora –pareció decirme- de filosofías antropológicas. Es hora, así, con el aire nuevo y solitario de una mañana de domingo, cuando casi todos duermen todavía, de reencontrarse gozoso con los colores.

Los apechuques mecánico-cibernético-electrónicos y en seguida Harry Potter, que es otro fenómeno del consumismo mundial, para este caso teñido de morbosa curiosidad por saber si la señora Rowling se atreverá o no a sacrificar a Harry para cerrar la curva de su saga. Le anuncio –por más que estoy seguro de que no le importará- que me enfadaré con ella para siempre si mata a Harry Potter y no recobra a Dumbledore –ser eminentemente mágico- de la suposición absurda de que su muerte podría haber sido un hecho irrevocable. Ya quedan pocos días. Alguien echará un vistazo al capítulo correspondiente y nos dará la primera pista verle la cara de sorpresa, de indignación o de tranquilidad, paz y comprensión.

Pintoresco siglo. Andan poniendo coches llenos de explosivos por las calles y callejas de Londres y nos preocupamos –por lo menos algunos- por la suerte del niño mago que ni siquiera habría existido jamás si no fuera por su autora. Se enzarzan a la greña casi todos los habitantes del oriente próximo y miramos a otro lado. En realidad se halla la mitad o más del pueblo currante a las puertas de las vacaciones. Tendría que ser algo extraordinario y extraordinariamente difícil, para que nos distrajera de la ruta del minicambio vital de la vacación que nos espera, acecha, está ahí, tras de la próxima vuelta del camino.

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