lunes, 18 de junio de 2007

SABADO

Dicen, y mienten, desde luego, como suelen hacerlo, arteros, con sus refranes, los mayores, que así engañan un poco más a los niños recién llegados al umbral de la sabiduría popular, que no lo hay sin sol, como tampoco hay, vuelven a mentir, doncella sin amor. Hoy es un sábado sin sol y estoy más seguro de que haya doncellas sin amor que de que haya doncellas, cuando las que hay, observo, se abalanzan ahora sobre los donceles con el mismo entusiasmo que ellos a la recíproca, con el resultado de que se hace más eso que saben y que nadie sabe por qué se ha dado en llamar hacer el amor. El amor no se hace. Brota de pronto y se desmesura y con la misma inesperada presteza, desaparece como la anaranjada luz del ocaso, que estaba y no está de pronto. Y desde luego, menos se hace con ese forcejeo cinematográfico que va dejando prendas más o menos superficiales, como quien se dejara exuvios, por todo el camino desde la puerta de casa hasta la alfombra de pie de cama, donde al final todo se apaga y duerme apaciblemente, hasta el rigor de la mañana, cuando la luz es como un escalpelo y se te mete hasta lo más subconsciente de las neuronas, donde hurga y duele.

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