martes, 12 de junio de 2007

Nadie puede negarme
que se volar. Lo he hecho,
soñando, desde luego, pero sintiendo el aire
que me pasaba acariciando,
el miedo
de perder allá arriba el equilibrio,
la inseguridad,
a la hora de dar ese salto que permite despegarse del suelo.
No importa que ahora mismo,
despierto,
me sea imposible hacerlo, insisto,
he volado sin alas y es una hermosa experiencia
pasar sobre los lagos cuya profundidad intuyes,
ir por encima del vaivén de los árboles,
atravesar la playa por encima del mar de siluetas
aplastadas de sol.
Por eso y porque te quiero tanto, me gustaría
volar un día de tu mano,
lejos y libres, camino
del lejano horizonte,
sólo te pido
que sea un día de sol.
Me da miedo que la noche, la tormenta o ambas
se metan en tus ojos
y ahoguen
mi reflejo.

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