martes, 19 de junio de 2007

No eres más que palabras
dichas a toda prisa desde la otra ladera del monte del teléfono,
y sin embargo, a medida que te concretas,
dices
lo que me estás diciendo, como si estuvieras
del otro lado
de la mar
podrías matarme, ilusionarme, herirme
o abrasarme de amor
si no fuese que es mantira,
que no estás,
que descuelgo el teléfono y sólo emite un pitido
como si quisiera hacerme burla cuando me recuerda
que no existes.

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