viernes, 14 de diciembre de 2007

La carretera se clava como una flecha en la ciudad,
tú estás quieta,
miras,
inquieta,
el reloj.
Es evidente que no vas a llegar a tu primera cita
y posible que él,
que yo,
que cualquiera,
piense que no quisiste venir, que no te importamos, que el amor,
eterno,
pero aún no nacido, no debe nacer.
No sabes mi teléfono, no sabes
siquiera
si soy de esta ciudad, si vivo
en alguna de estas interminables, angustiosas calles
sin principio ni fin
Y ambos,
a la vez,
pensamos que el mundo ha cambiado esta tarde
y jamás volverá a ser como pudo haber sido.

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