sábado, 22 de diciembre de 2007

Sube el monje a maitines,
su fe vacila, esta mañana sin sol,
cuando va enhebrando los cansinos, cortos pasos,
claustro arriba,
en el hilo del agua que corre de la fuente del medio
con sus tercas,
tristes, maquinales
jaculatorias.
En la fuente hay un ángel,
dos, tal vez
media docena de ángeles petrificados,
granito que suda el agua.
Huele a silencio y soledad, el monje,
se ha olvidado, esta mañana de mirar
arriba, a la luz incierta,
amatista,
con que Dios insiste,
renace el día.

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