miércoles, 14 de marzo de 2007

Dios ha encendido la luz del día,
nos mira uno por uno,
pregunta
a cada ángel por su pupilo.
No necesitaría preguntar, porque El lo sabe todo
incluso antes
de que ocurra, puesto que todo ha ocurrido ya realmente,
pero así el custodio se mantiene alerta.
-Este es un tibio, Señor –le dice con tristeza-
-Sugiérele que arda,
-Este un cobarde.
-Dale tiempo.
-Este, lamento tener que decírtelo, un malvado.
-Perdónalo, ¿ves?, Yo lo hago.
Dios ha encendido la luz
y nos va reconociendo con su sonrisa como una inundación,
un incendio,
el eco interminable de su voz
que ensancha, sin cesar, el universo.

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