martes, 22 de enero de 2008

Ayer contribuí a presentar el libro de versos de la amiga de una amiga. Mucha gente. Me inquieta siempre, presentar y de algún modo criticar lo escrito por otra persona, de seguro con una gran ilusión. Quisiera, y nunca sé si logro, darle ánimos para seguir, que si el libro es malo, mejorará en el siguiente, lo mismo que mejorará si es bueno, porque lo mejor de aquello que somos capaces de hacer está para todos el en futuro que viene y que cabe en lo posible que sea siempre mejor, en la medida de nuestro esfuerzo, con sus indispensables complementos alternativos. Si, hombre, si eres creyente le llamarás ayuda de Dios, y, si no lo eres, azar. Había mucha gente, otro presentador, brillante, y la autora se advertía, como es lógico, nerviosa, pero valiente. Dije lo mío y atendí lo de los demás, por eso de que siempre se aprende. Luego, de vuelta a casa, un viaje en coche escuchando en la radio opiniones acerca de la escasa capacidad de nuestros políticos para ocuparse de lo que deben y la que observo que en cambio va creciendo para tratar de ofenderse, como cabe apreciar en los calificativos y los apelativos que se dirigen, cada día un poco más subidos de tono. Se advierte en todos, de un lado y de otro de los dos principales grupos, el miedo a no ganar, y en sus respectivos programas, personalmente advierto falta de imaginación para articular propuestas razonables de solución para los problemas que la gente tiene en su quehacer cotidiano. Y es que se está perdiendo la conciencia de que una autoridad o un funcionario, cada cual en su ámbito, se postulan, presentan y opositan para ocupar puestos sociales de servicio a los demás.

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