viernes, 9 de noviembre de 2007

Al final del relato de mis males, me cuentan que lo que padezco es reuma, que ya es bastante, pero a la vez y habida cuenta de la antigüedad de los materiales, es a Dios gracias también bastante poco.

No hay mal que por bien no venga. Me dicen que tengo que adelgazar y eso seguro que viene bien a cualquiera, a cualquier edad, salvo anorexia que de seguro no existe alrededor de mis más de ciento veinte kilos repartidos en ciento noventa centímetros.

Pero ya está bien de hablar de mí, con la cantidad de cosas que están ocurriendo y lo mal que lo está pasando tanta gente. Casi estuve por borrar la entrada de hoy, pero al fin y al cabo, formo parte, siquiera sea mínima, del cuadro y hasta cierto punto, tenía el deber de contar a quien se hubiese por cualquier razón, quedado preocupado por mis miedos y elucubraciones que de momento podré seguir escribiendo, para bien o para mal. A quien le parezca que para mal, previa solicitud de perdón, le explico que esto de escribir es una especie de necesidad que tengo desde que llevaba pantalón corto durante aquel bachillerato de la posguerra que estallaba al final como una mascletá con aquel Examen de estado que llamábamos amistosamente “la reválida”. Para cuando esa reválida, sin embargo, habíamos alcanzado el pantalón largo y yo seguía escribiendo. Hasta hoy, que ya ha llovido.

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