miércoles, 21 de noviembre de 2007

Puedo
imaginar el horror de ser árbol
y no poder subir a la montaña, ni bajar
a lo más profundo del valle,
donde corre el agua clara,
ni cuando más aprieta
en verano
la sed.

Puedo ser árbol,
si pongo mi manos sobre la aspereza
del tronco,
si escucho la plegaria del follaje,
si acepto el viento.

Incluso valdría, a pesar de todo, la pena, vivir
siendo árbol.

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